Tras las huellas de Hemingway

Ernest Hemingway, célebre escritor del siglo XX, ha quedado para la posteridad por su pelo canoso, su fama de bebedor y mujeriego y, sobre todo, sus libros. Son muchos los entresijos que el novelista de Illinois esconde. Desde su llegada en 1923 como corresponsal hasta su muerte, Navarra le marcó profundamente, hasta tal punto que, hoy día, la herencia de Hemingway camina de la mano de esta tierra

Un vínculo inmortal

A lo largo de su vida, Hemingway visitó la Comunidad foral en nueve ocasiones atraído por las fiestas de San Fermín, el ambiente rural y dos de sus pasiones: los toros y la pesca. Así, el escritor americano siempre formará parte de la Historia de esta singular tradición y la ciudad que le da cobijo.

Lo que escondían sus ojos

La figura de Hemingway, al igual que la de muchos artistas, siempre ha estado empañada de misticismo y misterio. Muchos lo conocen como el escritor americano, mujeriego, apasionado del vino y de la fiesta y republicano, ¿pero es eso toda la verdad?

Donde Ernest fue Ernest

En las contadas ocasiones en las que Hemingway visitó Navarra Pamplona fue la ciudad predilecta. Las corridas de toros y los bares de la Plaza del Castillo durante los sanfermines fueron su lugar de festejo. Al mismo tiempo, Lekunberri y Burguete se convirtieron en lugares de paz y descanso.

Sanfermines de tinta

Embriagado por la majestuosidad de las corridas de toros, el frenetismo de los encierros, el éxtasis de las fiestas y la quietud de los pueblos navarros, el escritor americano se sirvió de Pamplona y sus alrededores para formar el marco que construye su novela.

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