La experiencia que enamoró a Villar

CAMINO FRANCÉS | ETAPA 1 RONCESVALLES

Villar López Vallés es una apasionada del Camino de Santiago. Desde hace siete años lleva calzándose las botas. Una serie de sucesos parecen haber estado preparando a Villar para la experiencia que cambió su modo de ver la vida para siempre. Autora de iWay, un libro de imágenes del Camino, y diez caminos a sus espaldas, la fotoperiodista navarra sigue hoy llegando a Santiago con la misma ilusión que el primer día

Hasta cierto punto es comprensible entender que Villar no crea en las casualidades. No son pocas las señales que acabarían conduciendo a la fotoperiodista navarra a Santiago de Compostela. En el pueblo de su familia, Corella, cada casa tiene por tradición encargarse de sacar un paso en Semana Santa. En casa del tío de Villar se cargaba con la figura del Apóstol Santiago. La fotoperiodista no podía evitar la curiosidad que despertaba en su interior ese personaje. Era como si la estuviera preparando para el Camino. Como si esas pequeñas procesiones de pueblo, cargando a hombros la figura de Santiago, estuvieran entrenado a Villar para el viaje que cambiaría su modo de entender la vida para siempre.

Pamplona es uno de los puntos importantes en el camino francés y desde casa de Villar, en la Plaza del Castillo, se ven pasar durante el año a muchos peregrinos. No le hacía falta volver a Corella para recordar que el Camino aún le estaba esperando. Pero fue finalmente un encargo institucional para el Gobierno de Navarra en 2010 lo que hizo ponerse la mochila a Villar y lanzarse al Camino. En principio solo tenía que realizar unas fotografías en el tramo navarro pero al acabar devolvió todo lo que tenía a un compañero y continuó hasta el final. Le enganchó de una manera tan grande que no pudo parar hasta Santiago. Fue una llamada casi mágica, a la que después de muchos años de pequeñas señales, Villar no pudo evitar responder. Sin miedo a lo que podía encontrarse decidió dejarse llevar.

Hoy, ya con diez caminos en las botas y alrededor de 6.650 kilómetros andados, sigue llorando cada vez que entra en la Catedral de Santiago. La piel se le eriza cada vez que recuerda la entrada en la plaza del Obradoiro, la gaita que toca el hombre que está en la puerta de la catedral, los abrazos sinceros con los peregrinos que se reencuentran, cansados y satisfechos, los sentimientos a flor de piel, la experiencia de los 30 días de camino que recorren rápidamente por su cabeza. La enorme demostración pública de emoción, que quién no ha hecho el camino no puede llegar a imaginarse. Entrar en la imponente Catedral de Santiago y acercarse a la figura del Apóstol, con su capa y sus conchas, igual que en Corella, para Villar es como volver a entrar en casa.

 

A Villar no le cuesta pasarse horas con peso en la espalda. Cargar con una mochila no fue un impedimento a la hora de lanzarse a Santiago. Por su trabajo como fotoperiodista  tiene que llevar un material incluso más pesado de lo que necesitaba para el Camino. Villar no ve la soledad como un enemigo ni como algo que haya que evitar; sino todo lo contrario. El Camino le ha enseñado que es mejor enfrentarse a él sola. Defiende que las personas necesitan tiempo para estar con ellas mismos y desconectar. 

La mayoría de gente viaja sin compañía y el número de peregrinos aumenta cada año. La Oficina de Acogida del Peregrino afirma que del 2015 al 2016 se ha dado un aumento de más de 15.500 peregrinos. “Estas cifras demuestran muchas cosas. Se ve que las personas necesitamos tiempo para estar con nosotros mismos, para fijarnos en los pequeños detalles que en el día a día eres incapaz de apreciar, porque no caminas con tranquilidad, no tienes tiempo para ti”.

A pesar de comenzar sola siempre termina acompañada. El Camino le regala cada vez gente con la que compartir su experiencia, personas que durante los 30 días del Camino se convierten en su familia y con las que a día de hoy mantiene una enorme relación. Viajar sola le permite abrirse a los demás, a otras culturas y a personas con motivaciones distintas a las suyas.

 

"En el mundo en el que vivimos las prisas y la inmediatez marcan el ritmo del que no nos podemos librar. Por eso el Camino es una pausa de la que cada uno tendría que disfrutar"
Villar López Vallés
Fotógrafa

 

La fotoperiodista no deja de aprender en el Camino, quizá por eso lo  repite siempre. Villar no se toma la peregrinación como una forma de encontrarse a sí misma pero cada vez que sale a Santiago descubre algo de ella que antes no conocía. La fuerza, a nivel emocional, es algo que ha ido cultivando con el paso de los caminos. El Camino es muy intenso y hay que tener una fortaleza interior brutal para poder superar todas las trabas que te pone.

A Villar el caminar es algo que le produce muchas emociones y le enseña muchas cosas. De vez en cuando necesita volver a responder a Santiago para recibir una cura de humildad, "te vas dando cuenta de las pocas cosas que necesitas para ser feliz. Lo poco que te hace falta te lo va dando el Camino". 

Pero sobre todo el Camino ha enseñado a Villar cómo es la vida. A soportar el dolor físico, a sobrellevar una pérdida, una despedida de peregrinos con las que ha vivido experiencias brillantes, personas con las que conecta de manera increíble y de las que se ha tenido que separar y seguir adelante. "El Camino es la gran metáfora de la vida, en la que hay días estupendos, risas, lloros, dolor, emociones, pérdidas y sorpresas", afirma Villar.

Lo más siempre duro es volver. Salir de esa pequeña burbuja en la que ha estado aislada y protegida. Desprenderse de ese momento de paz y vida sencilla al que acabará acudiendo siempre que tenga ocasión. Algo tiene el Camino que hace que todo el mundo vuelva a él. •

RONCESVALLES, PUNTO DE PARTIDA

Roncesvalles en un lugar especial para Villar. La víspera de comenzar el camino acude a ese pequeño pueblo para coger la credencial y asiste a la misa del peregrino. Independientemente de dónde vaya a comenzar el camino acude a Roncesvalles. Es como una especie de ritual, un momento para prepararse.

La misa del peregrino de Roncesvalles es uno de los actos más bonitos que ha visto en su vida. Lo realmente importante va después de la celebración. Todos los peregrinos se acercan al altar para recibir la bendición. El párroco les bendice en el idioma de cada peregrino. Se apagan las luces y cantan el Ave María en la colegiata. Cuando acaba, Villar respira tranquila, ya está preparada para empezar a caminar.

IWAY, EL CAMINO IMPRESO

Villar, fascinada con lo que iba descubriendo durante el Camino de Santiago, comenzó a sacar fotos. Rechazó la idea de utilizar una cámara profesional, ya que la gente responde de una manera diferente y menos natural. Con su Iphone fue recopilando los momentos, lugares y personas que despertaban su interés.

Al ver el potencial de esas imágenes realizadas en su peregrinar por el Camino de Santiago elaboró el libro “iWay". A lo largo de siete epígrafes "De piedra y tierra", "De aire y luz", "De agua", "De luces y sombras", "De silencio", "De voz" y "De color", refleja sus vivencias y lo que fue descubriendo en cuatro de los caminos que llevan a Santiago; el Francés, el Aragonés, el Primitivo y el del Norte.

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