Aralar, un lienzo de colores

Entre hayas, robles y narcisos se abre paso un sendero que te llevará hasta la profundidad de las cuevas de Egar. La Sierra de Aralar, un espacio natural en el noroeste navarro donde disfrutar de una experiencia de paz y tranquilidad

El recorrido empieza en el kilómetro 5 de la carretera NA 7510, a cinco minutos en coche desde Lekunberri. Aparcamos el coche en un pequeño parking que coincide con el cruce de la ruta GR12 y nos calzamos las botas, que serán nuestro vehículo hasta las cuevas de Egar. Desde aquí se ve una pradera en la montaña, cercana al punto final, en la que nace y desaparece el río Itsasartea. Se oye el rumor del agua.

Es preciso saltar la alambrada para, en dirección al nacedero de Aitzarreta, abandonar el camino y tomar la senda en medio de la vegetación. Asoman rasgos tímidos que darán paso a la primavera: entre el musgo de las calizas y la hojarasca, brota la flor diente de perro, el púrpura de los pétalos se mezcla con el pistilo anaranjado; las hepáticas ofrecen tonos del blanco y el violeta; y los narcisos siembran el manto del bosque de color amarillo. Las raíces de los árboles se convierten en escalones en el suelo, son tan fuertes que parecen pequeños troncos, cubiertos de verde, clavados sobre el barro.

Tras caminar por la senda tomamos el Pequeño Recorrido que asciende hacia el valle de Ata, marcado en blanco y amarillo, que viene desde Iribas y sube hasta San Miguel. Las hayas se estiran desnudas hacia el cielo despejado, ellas son las protagonistas del paseo, entre avellanos, algunos abetos y robles de repoblación. El camino de piedras nos lleva a una pista de explotación forestal en la que una borda, en la que pastan caballos, y un fresnal, moldeado por el antiguo uso para el pasto, sirven para orientarse. Tomamos la pista dirección nordeste, hacia el pueblo de Alli, y en el primer desvío a la derecha ascendemos, dirección sur, por una senda paralela a la pradera de Egar. En este punto hay dos opciones: mantener el recorrido habitual, hacia el sur con la alambrada que marca el límite de municipio a la izquierda o atajar hasta las cuevas. La posibilidad de seguir por un atajo hace más complicado el paseo sin llegar a sofocarse. Decidimos tomarlo, dejamos atrás el camino habitual y las hojas secas empiezan a crujir en cada paso hasta que tras diez minutos de subida llegamos a Egar I. Ambas cuevas se abren en el terreno del nacedero, solo cinco minutos separan a la primera de su hermana Egar II.

Cobijo subterráneo

Egar I

La entrada no es complicada, aun así, la oscuridad anima a tener cuidado al acceder. Encendemos los frontales. En la bajada las hojas ya no están secas, se mezclan con el barro y el frío de la cueva para dificultar las pisadas. Se retuercen los cuerpos para entrar y con cuidado llegamos a la sala de la cueva. Una vez dentro el gran espacio nos permite movernos con libertad, siempre mirando el suelo para que no nos sorprenda con charcos o huecos hundidos en el paso. Nos protege un techo del que cuelgan las estalactitas, un suelo que nos soporta junto a las estalagmitas y unas paredes de caliza que desprenden arena parecida a la sal. Descubrimos vida en la cueva, las raíces de los árboles que hemos visto durante el recorrido se han hecho un hueco entre la formación rocosa y cuelgan sobre nosotros. En las paredes, las inscripciones de comienzos del siglo XX y las firmas que la humedad ha emborronado dejándoles ilegibles hacen de la cueva un lugar con historia.

Egar II

Con Egar I a la espalda subimos la pista hacia la izquierda hasta que nos topamos con la siguiente entrada. Los pies se convierten en nuestro mejor soporte y agarre sobre la humedad del barro en la bajada, esta vez empinada, hacia la segunda cueva. La luz que entra del acceso no es suficiente para dejar ver lo que la cueva quiere enseñarnos.

En la sala, más grande que la anterior, las estalactitas son refugio de murciélagos de herradura que descansan, sujetos a la piedra, en su noche de día. Las formaciones rocosas han creado recovecos por los que perderse y encontrar espacios entre las cortinas de piedra que caen desde el techo. Sobre nosotros el conjunto de estalactitas, de pequeño tamaño, parecen apuntarnos como armas en la oscuridad interrumpida por nuestros frontales. • 

EGAR I 589.347º, -4.758.416º

EGAR II 589.318º, -4.758.354 – 779º

La ruta se puede realizar en un margen de 3 a 4 horas.

Para realizar este recorrido no puedes olvidar utilizar ropa cómoda y botas de monte. 

Además, debido a la falta de luz en el interior de las cuevas, aconsejamos el uso de frontales. 

Si tienes disponibilidad de fechas intenta hacer tu ruta con buen tiempo.

♦Santuario San Miguel de Aralar

♦ Lekumberri

¡En los meses de primavera, las vistas son todavía más espectaculares!

  • Alli
  • Lekumberri
  • Iribas
  • Astiz

Estalactita

Se forma por los minerales que transporta el agua que se filtra dentro de las cuevas. Son formaciones que crecen hacia abajo en el techo de las cuevas.

Estalagmita

Al contrario que la estalactita, la estalagmita se forma en el suelo de una cueva por la sucesiva sedimentación de carbonato cálcico.

Columna

En el momento en que una estalactita y una estalagmita se unen forman una columna, uniendo el suelo y el techo de la cueva.

Banderola

Es un espeleotema típico del paisaje kárstico, como el de la sierra de Aralar. Se forma de forma similar a las estalactitas pero, a diferencia de estas, el agua no circula por el interior, sino por el exterior, creciendo de forma lateral.

Flora

 Haya o Fagus sylvatica

 

También llamado Fagus sylvatica es el árbol por excelencia de la sierra de Aralar. Puede llegar a alcanzar los 35 o 40 metros. Es de tronco recto y no ramificado, su corteza es lisa y su hoja simple. Estos árboles caducifolios abarcan grandes bosques llamados hayedos que se desarrollan en zonas húmedas y generan bosques sombríos.

 

Avellano o Colyrus avellana

El Colyrus avellana es otro de los árboles caducifolios que se extienden por la sierra de Aralar. Tiene una altura de entre 3 y 8 metros de altura y sus ramas aparecen a lo largo de todo el tronco. La avellana, su fruto, tarda en madurar de 7 a 8 meses y sirve de alimento a muchos de los animales de la zona.

 

Narciso  o Narcissus

 

Con la llegada de la primavera, los narcisos (Narcissus) colorean de amarillo la sierra de Aralar. Esta flor es un género de la familia Amaryllidaceae, que comprende numerosas especies. En concreto las que no encontramos en los bosques de Aralar son plantas bulbosas y que se pueden encontrar tanto en grupo como solitarias. 

 

Flor diente de perro o Erythronium dens-canis

También conocida como Erythronium dens-canis, es una roseta de unos 20 centímetros de tallo que culmina en una flor de color blanco, rosa o lila. Esta planta aparece por los montes de manera solitaria y al abrirse por completo los pétalos se arquean mirando al cielo y dejando al descubierto seis estambres y un pistilo muy llamativos.

 

Flor hepática  o Anemone hepática

Es una planta herbácea perenne que no supera los 20 centímetros y en su corola posee seis pétalos lilas. La flor hepática o Anemone hepática adquiere su nombre debido a la forma característica de sus hojas, las cuales se asemejan a la forma del hígado. Abunda en las zonas frescas y umbrías de las montañas. 

Fauna

Jabalí

 

Es uno de los mamíferos más extendidos por los bosques y montañas de la Comunidad foral. Esta gran presencia se debe a que es un animal importante en la caza mayor. Su fisionomía es similar a la de un cerdo, cabeza grande y alargada con ojos muy pequeños. Pueden llegar a medir entre 90 y 160 centímetros y ronda los 80 kilos.

 

Murciélago de herradura

El murciélago de herradura o Rhinolophus ferrumequinum es el quiróptero más grande de Europa y tiene una gran presencia en toda la Península Ibérica. En Navarra las diferencias estacionales varían su refugio. En épocas frías se cobija en cuevas, mientras que en los meses cálidos en edificios.  

 

Buitre leonado

 

Es el ave con mayor presencia en Navarra. Puede alcanzar los 10 kilos  y una envergadura de más de 2,5 metros. Su nombre hace referencia al color de sus plumas que en su mayoría son de color ocre. Su pico ganchudo está diseñado para desgarrar tejidos y tiene las patas más débiles que otras rapaces, lo que le imposibilita dar caza a otros animales.

 

Corzo

En los últimos años el número de corzos ha crecido enormemente en nuestra comunidad. Este animal se acopla muy bien a diferentes hábitats, puede vivir en bosques o en amplias praderas. Es un animal solitario a diferencia del resto de los cérvidos, que son gregarios, y no rehúye de vivir cerca de núcleos urbanos.

 

Alimoche


Es un buitre procedente de África y uno de los más pequeños dentro de su especie. Esperan a que otros carroñeros de mayor tamaño acaben con la carroña para después alimentarse. En la Sierra de Aralar abundan en época estival, ya que durante el invierno emigran a zonas más cálidas.

Textos Edurne Pujol • Unai Yoldi • Marina Gascón

Ilustraciones Ainara Ciriza • Celia Erice

Vídeo Jon Viedma

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